La vendimia 2026 avanza en Mendoza en un contexto complejo. Menor producción, precios atrasados y costos en alza configuran un escenario que preocupa especialmente a pequeños y medianos productores.
En diálogo con LV18, Sergio Barbadillo, presidente de la Cooperativa El Cerrito, describió una temporada marcada por la incertidumbre. “Tenemos prácticamente los mismos precios de hace casi tres años. Los costos han seguido aumentando y estamos en una situación muy complicada”, afirmó.
Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura, la cosecha provincial rondaría los 13.450.000 quintales, un 9 % menos que en 2025. Sin embargo, en algunas zonas del sur mendocino las caídas son mucho más profundas.
Merma del 40 % en el sur mendocino
Barbadillo explicó que la caída en los volúmenes responde principalmente a contingencias climáticas. “La naturaleza siempre existió, pero este año el impacto fue fuerte en zonas muy productivas”, señaló.
En paralelo, algunos informes locales advierten retracciones cercanas al 26 % en determinados sectores, lo que afecta directamente la rentabilidad.
Precios estancados y costos en alza
“La inflación bajó en el último tiempo, pero los costos siguieron subiendo”, explicó. A esto se suma el costo de la cosecha: en algunos casos, levantar la uva puede implicar un gasto similar al ingreso final por la venta, sobre todo cuando la producción es baja.
También preocupa el costo energético y el mantenimiento de estructuras cooperativas, que deben sostenerse con menor volumen de ingreso.

El impacto del agua y la irrigación
Otro factor determinante es el acceso al agua. Productores del sur denuncian más de veinte días sin riego debido a la baja acumulación de reservas y cortes en la distribución.
Las boletas de irrigación, que pueden rondar los 140.000 pesos anuales en una finca promedio, continúan llegando con aumentos, incluso en períodos sin provisión suficiente de agua. “Si uno pagara y alcanzara el agua, la producción se podría sostener. Pero hoy no alcanza”, explicó Barbadillo.
Ante este panorama, algunos productores deben contratar agua adicional, lo que incrementa aún más los costos.
Abandono de fincas y reducción de superficie
Mendoza concentra más del 70 % de la superficie implantada de vid del país y una proporción aún mayor en la elaboración de vino y mosto. Sin embargo, en el sur provincial se observa un retroceso de hectáreas en producción.
En muchos casos no hay un cambio de matriz productiva, sino abandono. “Se cierra la tranquera y queda la finca”, describió el dirigente cooperativo. La falta de rentabilidad y el envejecimiento de los propietarios, cuyos hijos buscan otras oportunidades, profundizan esta tendencia.

¿Puede desaparecer la vitivinicultura?
Para Barbadillo, la vitivinicultura no va a desaparecer, aunque sí se reducirá. “No es lo que era antes y se va a achicar mucho”, aseguró.
Las cooperativas, explicó, tienen una herramienta clave: la unión entre productores. Eso les permite sostenerse un poco más que quienes trabajan de manera individual. Aun así, el panorama es complejo y la incertidumbre domina la vendimia 2026.
El desafío inmediato es que no quede uva en la cepa y que los números permitan al menos cubrir los costos básicos. “Está muy difícil. No se puede más”, resumió.






