El terremoto en Venezuela dejó una experiencia que Héctor “Cacho” Montedo, jefe de brigada de Socorro y Rescate San Rafael, difícilmente podrá olvidar. El brigadista mendocino viajó junto a Inés Beatriz Zanola y Gabriel Parra para participar de una misión humanitaria y colaborar con las tareas posteriores al desastre.
Siete días de trabajo entre los escombros
Durante diez días permanecieron en Venezuela y trabajaron durante siete jornadas en tareas de recuperación de cuerpos, evaluación de estructuras, prevención y asistencia a las familias.
“Nosotros íbamos a recuperar cuerpos, cadáveres”, relató Montedo en una entrevista con LV18. El procedimiento exigía retirar bloques y estructuras de manera minuciosa para evitar dañar aún más los cuerpos atrapados.
“Tenías que desescombrar despacito a mano, como un arqueólogo”, explicó. El trabajo, atravesado por temperaturas cercanas a los 39 grados y escenas de enorme impacto emocional, también obligó al equipo a cuidar la salud mental de sus propios integrantes.
Una escena que quebró a todo el equipo
Entre los recuerdos que más lo marcaron, Montedo contó el momento en que recuperaron a un niño mientras su abuelo esperaba cerca.
“Con la ternura, la compasión del abuelo acomodándole el pelo al nieto para que no estuviera despeinado”, recordó. “Después de esa noche lloramos todos”.
La frase resume el costado más humano de una misión que, lejos de las estadísticas, estuvo marcada por familias buscando cerrar un duelo imposible.

La advertencia para San Rafael
Montedo también dejó una advertencia para Mendoza. Recordó que San Rafael se encuentra en una zona sísmica y remarcó la importancia de la preparación.
“Son impredecibles, son inciertos y son repetibles”, sostuvo sobre los movimientos sísmicos.
Para el brigadista, el desastre no depende únicamente del fenómeno natural.
“El origen es natural, pero después el desastre se produce el humano”, afirmó, al remarcar que la falta de preparación puede transformar una emergencia en una tragedia mayor.
La misión en Venezuela dejó así una enseñanza que trasciende las fronteras: frente a un terremoto, la preparación, la conciencia sísmica y la solidaridad pueden ser tan importantes como la respuesta de los equipos de rescate.





