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Opinión: «Yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí»

Por LV18 San Rafael

3 de octubre de 2026
Javier Milei volvió a plantear la posibilidad de un futuro de crecimiento y prosperidad si obtiene un nuevo mandato. La columna propone una mirada crítica sobre las promesas políticas, la espera de resultados y el impacto del ajuste económico en la vida cotidiana.

Alejandro Sosa

Hay un decálogo inalterable en la geografía de la promesa postergada. Cambian los nombres, cambian las siglas partidarias, mutan los trajes y las consignas de marketing, pero el latiguillo fundacional permanece intacto: hay que aguantar un poco más, hay que apretar los dientes, porque el paraíso siempre queda a la vuelta de la esquina. Pero claro, a ojos vista, la zanahoria siempre permanece fuera del alcance de los caballos que, sepámoslo, somos todos los argentinos.

Días atrás, desde el confort de Paris (donde está con uno de sus seguidores, el gobernador mendocino Alfredo Cornejo) y por pantalla interpuesta en el Coloquio de IDEA, Milei volvió a apelar al catecismo de la paciencia. Nos anunció, con esa fe inquebrantable en el porvenir ajeno, que si la sociedad lo reelige en 2027, los cuatro años que vengan serán el período más glorioso de la historia argentina.

El libreto suena inquietantemente familiar. Parece escrito con la misma lapicera de épocas no tan lejanas en las que otro mandatario, Mauricio Macri, nos prometía los famosos «brotes verdes» y nos pedía resignación patriótica para esperar el famoso «segundo semestre» que nunca asomó la cabeza. O quizás tiene el mismo tempo comercial que las proyecciones de su propio ministro de Economía, Toto Caputo, quien en abril pasado nos juraba con la mano en el corazón que se venían los mejores dieciocho meses de la historia nacional.

Dieciocho meses que, en el bolsillo de la inmensísima mayoría, en el mostrador de los comerciantes o en las cientos de miles de persianas industriales bajas, se parecen bastante más a una agonía perpetua que a una primavera financiera.

La promesa del futuro radiante siempre exige el sacrificio del presente, pero el presente de casi toda la Argentina menos algunos se consume en la trituradora de la recesión y el ajuste inhumano.

Nos piden que sigamos teniendo paciencia, que sigamos aguantando, que los tiempos futuros serán el paraíso, mientras tanto, la realidad cotidiana nos devuelve el viejo sabor de la sanata de siempre.