La nueva modalidad de cobro por transferencia ya está vigente en Argentina y abre un nuevo capítulo en la relación entre las entidades financieras y quienes tienen préstamos. El mecanismo busca facilitar el cobro de cuotas, pero también pone sobre la mesa una discusión incómoda: qué ocurre cuando una persona ya no tiene margen para seguir pagando sus deudas.
Cobro por transferencia: cómo funciona la nueva modalidad
Sergio Alzaa, gerente de Montemar, explicó en LV18 que el sistema requiere una autorización expresa del cliente para que la entidad pueda debitar la cuota de una cuenta determinada.
“Es una autorización que el tomador del crédito le da al banco o al proveedor de crédito para que debite el importe de la cuota de una cuenta específica”, explicó.
No se trata, según detalló, de un débito ilimitado. El préstamo debe haber sido acreditado en esa misma cuenta, la relación cuota-ingreso no puede superar el 30% al momento de originar el crédito, las cuotas deben ser fijas e iguales y existen hasta tres intentos de débito: uno inicial y dos reintentos.
Una herramienta para cobrar que no resuelve el problema de fondo
El aspecto más relevante de la entrevista aparece cuando se habla de morosidad. Alzaa reconoció que la nueva modalidad no representa un cambio significativo para Montemar porque la compañía ya utilizaba mecanismos similares.
“En el caso nuestro no cambia demasiado la película”, sostuvo.
Pero sí cambia el escenario para otras entidades que antes no contaban con esta posibilidad. Y ahí aparece la pregunta que excede al mecanismo de cobro: ¿facilitar el débito de una cuota atrasada alcanza para solucionar el problema financiero de una persona endeudada?
La propia entrevista ofrece una pista. Alzaa afirmó que los clientes actualmente están “muy medidos en sus gastos” y que analizan cuánto pueden pagar antes de tomar un préstamo.
Sobreendeudamiento: cuando pagar una cuota se convierte en el problema
El gerente de Montemar vinculó esta conducta con la educación financiera y aseguró que las entidades también evalúan con mayor cuidado si el cliente podrá afrontar la cuota.
“Nosotros te queremos dar un préstamo para que lo puedas pagar, no para complicarte”, afirmó.
La frase expone la contradicción central del crédito: prestar dinero puede resolver una necesidad inmediata, pero una cuota que supera la capacidad real de pago puede convertirse en una nueva dificultad.
Alzaa explicó que Montemar comienza a contactar a los clientes con atrasos a partir de los 60 días y que ofrece refinanciaciones y alternativas antes de que la deuda avance hacia una instancia judicial.
“Mientras más pasa o pasa a una etapa judicial, empiezan a agregarse gastos, costas, honorarios de un estudio jurídico y todo lo demás”, advirtió.





