La falta de acceso a cuidados paliativos en Argentina volvió a quedar en el centro del debate tras la difusión de los resultados del proyecto internacional “Buen vivir, buen morir”, una investigación que analizó cómo transitan los últimos meses de vida pacientes con enfermedades avanzadas en 13 países.
La iniciativa fue liderada por la doctora Vilma Tripodoro, especialista en Medicina Interna y referente en cuidados paliativos, quien actualmente dirige el Departamento de Cuidados Paliativos del Instituto Lanari (UBA) e investiga en el CONICET. Su trabajo apunta a un cambio profundo: que el sistema de salud no solo busque curar, sino también cuidar.
Un estudio global con una mirada humana
El proyecto, desarrollado durante más de cuatro años, incluyó a Argentina como único país latinoamericano junto a naciones europeas y Nueva Zelanda. A través de entrevistas y distintos métodos de análisis, se relevaron experiencias, deseos y preocupaciones de pacientes en los últimos seis meses de vida y de sus familias.
Uno de los datos más contundentes fue transversal a todos los países: el 80% de los participantes reclamó que la sociedad hable más sobre la muerte y el final de la vida.
“No hablar de esto genera miedo, desinformación y decisiones que no siempre respetan lo que la persona quiere”, explicó Tripodoro en una entrevista radial.
El derecho a decidir sobre el final de la vida
Uno de los ejes centrales del estudio es la autonomía. Es decir, la posibilidad de que cada persona pueda decidir cómo quiere ser cuidada, dónde y con quién.
Según la especialista, muchas personas desean atravesar esa etapa acompañadas por sus vínculos cercanos, en entornos familiares y con información clara y honesta. Sin embargo, ese derecho no siempre se puede ejercer.
La investigación muestra que no alcanza con que las personas puedan decidir. También necesitan acceso real a cuidados adecuados, algo que hoy está lejos de garantizarse.
Argentina: una deuda pendiente
En el país, la situación es crítica. Solo el 10% de quienes necesitan cuidados paliativos accede a ellos. Es decir, 9 de cada 10 personas no reciben el acompañamiento necesario para aliviar el dolor y el sufrimiento.
Además, el acceso es desigual. Quienes viven en grandes ciudades tienen más posibilidades que quienes están en zonas rurales o en contextos vulnerables.
A esto se suma otro problema estructural: la falta de formación profesional. Apenas el 10% de las facultades de medicina en Argentina incluye contenidos de cuidados paliativos en su currícula.

Falta de políticas y recursos
Aunque existe una ley nacional de cuidados paliativos sancionada en 2022, su implementación es parcial y carece de financiamiento suficiente.
También se desactivaron programas clave, como la distribución de analgésicos esenciales, lo que dificulta el acceso al alivio del dolor en muchas regiones del país.
Para Tripodoro, no todo se reduce a la falta de recursos económicos. “Hay decisiones que no implican grandes costos, como incorporar esta formación en las universidades”, señaló.
Cómo está el mundo en cuidados paliativos
A nivel global, el panorama tampoco es alentador. Solo el 14% de los países tiene sistemas avanzados de cuidados paliativos, y apenas el mismo porcentaje de la población accede a ellos.
En América Latina, Chile, Uruguay y Costa Rica lideran el desarrollo en esta área. Argentina se ubica en un nivel intermedio, pero todavía lejos de garantizar cobertura universal.
Incluso países con menos recursos, como Uganda, han logrado avances significativos, lo que evidencia que el progreso no depende solo del nivel económico.
Eutanasia y cuidados paliativos: un debate complejo
Consultada sobre la relación entre cuidados paliativos y eutanasia, Tripodoro planteó que el foco debe estar en garantizar primero el acceso al alivio del sufrimiento.
“Es difícil discutir otros derechos cuando la mayoría de las personas ni siquiera accede a cuidados básicos”, sostuvo.
La especialista remarcó que los casos de sufrimiento extremo existen, pero son situaciones particulares que deben analizarse en contextos donde el sistema ya garantice una atención adecuada.
Humanizar la medicina
El proyecto “Buen vivir, buen morir” deja un mensaje claro: el final de la vida también forma parte de la vida y merece ser acompañado con dignidad.
El desafío, según la investigación, es avanzar hacia un modelo de salud que contemple no solo lo físico, sino también lo emocional, social y espiritual.
“Las personas quieren ser escuchadas, informadas y cuidadas. Y eso es un derecho”, concluyó Tripodoro.
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