La ampliación de la red de agua potable en Salto de las Rosas avanza con una obra que contempla 1.500 metros de cañerías y vuelve a poner sobre la mesa una discusión central: cómo garantizar los servicios esenciales en las zonas rurales.
Los trabajos se realizan sobre la calle Ramón Vera, en el sector de El Tropezón, cerca de Cañada Seca, mediante un esfuerzo conjunto entre la Cooperativa Rural de Servicios Públicos de Salto de las Rosas y la Municipalidad de San Rafael.
Agua potable para familias que todavía no tenían conexión
En diálogo con LV18, el presidente de la cooperativa y concejal, Néstor Ojeda, explicó que la extensión permitirá incorporar al servicio a familias que hasta ahora no contaban con agua potable de red. Según detalló, varias ya comenzaron a conectarse.
“Estamos haciendo una extensión de la red que va a dotar de agua potable por primera vez a más de seis, siete familias, ocho creo que ya se han conectado”, señaló.
La obra incluye 1.500 metros de cañería de 75 milímetros de diámetro. Su ejecución tuvo dificultades por las lluvias y la presencia de agua en las zanjas, lo que obligó a utilizar motobombas para avanzar con la instalación.

Una inversión millonaria y el rol del Estado
Ojeda estimó que el costo de la obra ronda los $30 millones. Para afrontar una inversión de esa magnitud, destacó la articulación entre la cooperativa, los vecinos y el municipio, que colaboró con materiales y tareas necesarias para concretar los trabajos.
“Sería inviable o imposible que un privado por motus propio pueda llevar adelante este tipo de obras”, sostuvo.
El planteo expone una cuestión que trasciende a El Tropezón: en sectores rurales, la distancia entre las viviendas y las redes existentes puede convertir una conexión básica en un gasto difícil de afrontar.
“Por eso es que no puede alejarse el Estado de estos servicios esenciales”, remarcó.
Una red que busca seguir creciendo
Ojeda indicó que la cooperativa pasó de 1.500 familias abastecidas y dos perforaciones a 3.200 asociados y cuatro perforaciones, tras ocho años de gestión.
La ampliación continuará hacia otras intersecciones para extender la cobertura en la zona. El desafío, sin embargo, no termina con la instalación de cañerías: también implica sostener la infraestructura y acercar un servicio esencial a comunidades dispersas, donde el acceso al agua potable todavía depende de la capacidad de coordinar esfuerzos y recursos.





