La industria metalúrgica atraviesa una de sus etapas más delicadas en los últimos años. A nivel nacional, el sector acumula una caída interanual del 10,3%, según datos relevados por entidades empresarias, y Mendoza no escapa a esta tendencia.
En la provincia, el impacto se siente con fuerza en tres áreas clave: el petróleo, la agroindustria y la obra pública. Así lo advierten desde la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Mendoza (ASINMET), donde señalan que la retracción de la actividad responde tanto a factores locales como a condiciones macroeconómicas adversas.
Petróleo, uno de los sectores más golpeados
La disminución de la actividad petrolera en Mendoza ha generado un efecto directo sobre las empresas metalúrgicas. La salida de YPF de operaciones convencionales en el norte provincial dejó a numerosas firmas de servicios con escasa demanda.
Esto se traduce en menos contrataciones y una caída significativa en la actividad de talleres y proveedores vinculados al sector energético.
Agroindustria con menor demanda
Otro de los pilares productivos de Mendoza, la agroindustria, también muestra señales de debilidad. La industria metalúrgica depende en gran medida de este sector, pero actualmente la demanda de maquinaria, insumos y servicios se encuentra en niveles bajos.
Si bien algunos nichos como los frutos secos mantienen cierta estabilidad, no logran compensar la caída general, especialmente en actividades como la vitivinicultura y la producción hortícola.

Obra pública sin grandes proyectos
En cuanto a la obra pública, el nivel de actividad se mantiene, pero sin grandes desarrollos impulsados por el Estado nacional. Esta situación limita el trabajo para empresas metalúrgicas que participan en la construcción de estructuras o infraestructura.
La falta de proyectos de gran escala reduce las oportunidades y profundiza la desaceleración del sector.
Atraso cambiario y pérdida de competitividad
Uno de los factores que más incide en la crisis de la industria metalúrgica es el atraso del tipo de cambio. Con un dólar que no acompaña la inflación, los costos en dólares aumentan y los productos argentinos pierden competitividad en el exterior.
Esto impacta directamente en las exportaciones, que han registrado una caída sostenida, dejando al sector con menos alternativas para sostener su actividad.
Importaciones y competencia internacional
La apertura de importaciones también juega un papel importante. Si bien desde el sector reconocen que un mercado más abierto puede ser positivo, advierten que la competencia con países como China o India es desigual.
Las diferencias en costos laborales, carga impositiva y acceso al financiamiento colocan a las empresas locales en una posición desventajosa frente a productos importados.

Financiamiento, el principal desafío
Más allá de los precios o la calidad, el acceso al financiamiento aparece como el principal obstáculo para la industria metalúrgica. Aunque se registraron mejoras en las tasas de crédito, aún no son suficientes para equiparar las condiciones con otros mercados.
Sin herramientas financieras adecuadas, las empresas enfrentan dificultades para invertir, modernizarse y competir.
Un escenario que exige medidas específicas
Desde el sector coinciden en que la apertura económica debe ir acompañada de políticas que contemplen las particularidades de cada industria.
La industria metalúrgica necesita condiciones más equilibradas para competir, en un contexto donde la combinación de factores internos y externos continúa profundizando la crisis.





