Un informe de la Fundación Tejido Urbano revela que más de 600.000 jubilados alquilan en la Argentina y que ocho de cada diez se encuentran en situación de vulnerabilidad. El estudio advierte sobre un fenómeno estructural en el que cada vez más personas llegan a la tercera edad sin haber podido acceder a la vivienda propia, enfrentando los costos habitacionales con haberes jubilatorios deteriorados. Para poder conocer mas detalles con respecto al estudio y la problemática que expone, Matías Araujo, politólogo y miembro del área de investigación de la Fundación Tejido Urbano (ONG enfocada en abordar las problemáticas del hábitat, la vivienda y el desarrollo urbano en la Argentina), dialogó con LV18 y profundizó con respecto al informe.
En comparación a la situación que sucedió recientemente en España, donde la mayoría de la población reclamó por las políticas habitacionales de los estados, Matías Araujo explicó: «Nosotros decíamos: ‘Che, lo que pasa en España hoy está pasando, hay presentes, está pasando en Argentina de una manera mucho más leve en relación a España, pero que podría empeorarse con los años y llegar a esa situación'», introdujo el politólogo. En ese contexto, Araujo profundizó con la situación que se da en la Argentina: «700.000 jubilados hoy en día alquilan, 400.000 son jefes de hogar, y representan el 15% de ese grupo etario, cuando históricamente uno pensaba que el jubilado o el adulto mayor llegaba hasta la tercera edad siendo propietario»; precisó.
Según arrojó Araujo junto a la Fundación Tejido Urbano, la dificultad de poder convertirse en propietario tiene su origen en la juventud: «Los jóvenes de 25 años en Argentina, cuatro de cada diez no se puede ir de la casa de sus padres. La edad de emancipación se corre a los 28 años, y el alquiler se sigue sosteniendo hasta altos promedios de la vida. En los grandes centros urbanos de la Argentina, en 2005, la mayoría de los hogares propietarios, o los hogares, pasaban a ser propietarios entre los 30 a los 35 años. Y eso hoy está ocurriendo entre los 40 y 44 años, en 2025, que fue la última medición. O sea, fíjate que hubo 10 años de corrimiento en el mercado de la vivienda, en la propiedad, y una generación entera de 45 a 60 años, que hoy sigue estirando, y que por cantidad y calidad de ingresos no va a ser en la propiedad próximamente, y va a generar un nuevo stock de… le llamamos stock, son personas, de jubilados e inquilinos para el próximo censo», expresó Araujo.
En ese sentido, el sueño del joven de poder adquirir su hogar se convierte una utopía, por lo que Araujo manifestó que deja de ser una posibilidad: «El salario promedio de un joven que se pudo ir está en torno a un millón cuatrocientos, y que es bajo todavía. Por lo tanto, vos tenés que el salario, la calidad de la cantidad de los ingresos de los jóvenes para poder afrontar un alquiler, ya es dificultoso. Si el presente que yo tengo hoy no me permite pensar que es posible la casa propia, lo más probable es que no esté en mi menú de opciones. Y ahí lo que termina pasando también es, en muchos centros urbanos ya se tenía que los jóvenes no dieron tampoco los padres acceso a la casa propia, porque los padres hoy siguen siendo inquilinos. Entonces, tenés que esa aspiración se empieza a alejar, pero cuando se abre una mínima oportunidad de crédito hipotecario, los primeros que aplican son los jóvenes», aseguró el investigador.
En cuanto al futuro, Araujo alertó el crecimiento de la problemática: «La obra social está debilitada, la jubilación no alcanza, hay más inquilinos y hay más informalidad urbana. Estas cuatro variables que nosotros tenemos que pensar en términos de seguridad social son las que nos van a marcar también. O sea, hay indicadores que nos van diciendo cómo va a evolucionar. La tendencia nos dice que es, si no cambian las variables ahora, lo más probable es que en los próximos años esto se agrave muchísimo más, en torno a un treinta por ciento», concluyó.





