Los rescatistas sanrafaelinos en Venezuela enfrentan jornadas extremas entre los escombros que dejaron los devastadores terremotos que sacudieron ese país. Desde La Guaira, Inés Zanola compartió en LV18 un testimonio cargado de emoción, sacrificio y esperanza sobre una misión que, según sus propias palabras, cambió para siempre la mirada de quienes llegaron para ayudar.
Un paisaje hermoso que termina en una tragedia
Zanola integra el equipo humanitario Fénix Unit, junto a Héctor «Cacho» Montedo y Gabriel Parra. Desde el lunes, el grupo trabaja en tareas de rescate y recuperación de víctimas.
«Primero encontrás un paisaje maravilloso, pero después te da el cachetazo de ver edificios desplomados como una torre de naipes. Se te oprime el alma», describió la rescatista.
El trabajo más duro entre los escombros
Las jornadas superan las altas temperaturas y combinan esfuerzo físico con una enorme carga emocional.
«Ahora estamos haciendo rescate de cuerpos y remoción de escombros. Trabajamos con palas, picos, martillos y sierras durante todo el día», explicó.
La coordinación se realiza junto a brigadas venezolanas, Defensa Civil, el Ejército y voluntarios locales que colaboran sin descanso.

Inés Zanola aseguró que el objetivo es «no mirar para otro lado mientras otro sufre».
«Dejamos la vida en pausa para ayudar»
Consultada sobre qué impulsa a los rescatistas a viajar miles de kilómetros, Zanola fue contundente.
«Lo que más nos mueve es no poder mirar para otro lado mientras otro sufre. Dejás tu vida en pausa para ayudar a los otros», afirmó.
La sanrafaelina contó que dejó temporalmente su trabajo como empleada doméstica y que incluso estará lejos durante el cumpleaños de una de sus hijas.
El gesto que nunca olvidará
Entre las escenas más conmovedoras recordó el caso de un abuelo que perdió a toda su familia.
«Pudimos recuperar los cuerpos y darle un cierre a esa historia. Fue tristísimo, pero también reconfortante», relató.
Antes de despedirse, agradeció el apoyo recibido desde San Rafael y pidió que continúen las donaciones.
«La gente de Venezuela perdió todo y, sin embargo, nos recibe con agua, comida y una sonrisa. Es un orgullo que nos permitan ser parte de esta misión.»





