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Omar Carrasco y el laberinto de la horticultura: ventas en caída, costos en alza y un productor al límite 

Por LV18 San Rafael

25 de enero de 2026
El reclamo del sector es claro: reglas más justas, menor presión impositiva y políticas que entiendan que, sin productores en pie, no hay alimentos accesibles ni economías regionales posibles. 

La crisis del consumo volvió a golpear de lleno a uno de los eslabones más sensibles de la economía regional: los productores frutihortícolas. En un contexto de inflación persistente, salarios ajustados y costos que no dan tregua, la actividad atraviesa meses de fuerte tensión. Así lo describió Omar Carrasco, referente de la Unión Frutihortícola Argentina, al trazar un crudo diagnóstico sobre la situación que viven los productores en Mendoza y en gran parte del país. 

“El mercado está bastante pesado”, resumió Carrasco en diálogo con LV18, una frase breve que condensa una problemática profunda. Según explicó, la caída de las ventas es notoria y responde a una realidad que se repite en cada verdulería: “La gente no llega. El que antes compraba por bulto hoy lleva dos unidades, y el que llevaba dos kilos ahora lleva uno”. 

El problema, advierte, es que mientras el consumo se retrae, los costos no hacen lo mismo. Por el contrario, siguen subiendo. “Los gastos son iguales o más altos que antes, entonces no se encuentra un equilibrio entre esas puntas”, señaló. Esa falta de equilibrio genera un escenario de alta preocupación para productores, comercializadores y trabajadores del sector. 

A la caída del consumo se suma otro factor determinante: el aumento de precios en productos clave de la canasta frutihortícola. Carrasco mencionó subas marcadas en artículos como la papa, la zanahoria, la cebolla y el tomate perita, además de frutas como el limón, la banana y la palta. “Se juntan las dos partes: subieron los precios y a la gente le falta plata”, explicó, describiendo una combinación que impacta directamente en el volumen de ventas. 

Uno de los puntos más sensibles del debate es la histórica brecha entre lo que cobra el productor y lo que paga el consumidor final. Carrasco fue claro al señalar que, si bien existen casos de especulación, no se trata de la regla general. “Hay una parte de eso que es realidad pura, pero también se desconoce cómo funciona la cadena”, afirmó. 

Como ejemplo, detalló el recorrido de un producto básico como la papa: cosecha, embolsado, mano de obra, fletes, pagos por uso de piso en mercados y una larga cadena de intermediación. “La gente cree que alguien se queda con esa plata, pero en general no es así”, sostuvo. Para Carrasco, hay un actor central que muchas veces queda fuera del análisis: “Hay un socio en tinieblas que es el Estado. Los impuestos te cortan por el medio”. 

La discusión se amplía cuando se analiza el modelo productivo de la provincia. Carrasco recordó una conversación con el gobernador en la que se planteó la necesidad de ampliar, más que cambiar, la matriz productiva. “Cambiar la matriz requiere muchísimo dinero; ampliar la matriz puede darle al productor más alternativas para salir adelante”, reflexionó. 

Sin embargo, algunas decisiones oficiales generan preocupación en el sector. La quita de apoyo a la lucha antigranizo, por ejemplo, es vista como un golpe directo a la producción primaria. “Ahí hay una quita de respaldo muy clara”, advirtió. 

Otro aspecto crítico es la naturaleza perecedera de frutas y verduras. A diferencia de otros alimentos, que pueden almacenarse durante meses, los productos frescos tienen una ventana de venta muy corta. “Si no vendés en dos o tres días, perdés la mercadería”, explicó Carrasco. Esa característica deja al productor en una situación de extrema vulnerabilidad frente a caídas bruscas del consumo. 

En el plano laboral, el referente frutihortícola también apuntó contra lo que definió como la “industria del juicio laboral”, especialmente en Mendoza. “Una persona te trabaja una semana y te hace un juicio como si hubiera trabajado diez años. Te funde o te deja mal parado por mucho tiempo”, denunció, al tiempo que cuestionó el rol de algunos sindicatos. Según su visión, la defensa del trabajador debería ir acompañada de un enfoque más integral que contemple la sustentabilidad de la empresa y el bien común. 

Carrasco cerró su análisis con una reflexión de fondo: la crisis del sector frutihortícola no es aislada, sino parte de un entramado económico más amplio. Productores de huevos, avicultores y chacareros comparten hoy un mismo diagnóstico: la gente no tiene dinero para consumir, y esa realidad termina empujando a toda la cadena productiva al borde del colapso. 

En ese escenario, el reclamo del sector es claro: reglas más justas, menor presión impositiva y políticas que entiendan que, sin productores en pie, no hay alimentos accesibles ni economías regionales posibles.