Durante la madrugada del 3 de enero, Caracas fue blanco de un bombardeo por parte de Estados Unidos. Horas más tarde, el presidente Donald Trump confirmó la captura y traslado fuera del país de Nicolás Maduro, líder del gobierno venezolano. El ataque abrió un nuevo foco de tensión diplomática y política a nivel internacional.
Este conflicto no es ajeno al mundo del deporte, especialmente en un año clave para Estados Unidos, que será sede del Mundial 2026. La invasión a Venezuela plantea interrogantes sobre una posible intervención de la FIFA, tal como ocurrió en otros conflictos bélicos recientes.
El antecedente más contundente es el de Rusia, suspendida por la FIFA desde 2022 tras invadir Ucrania, lo que derivó en su exclusión de competencias internacionales y eliminatorias mundialistas. En contrapartida, el organismo mostró una postura distinta en el conflicto entre Israel y Palestina, donde rechazó sanciones y se limitó a realizar un llamado a la paz.
El reglamento de la FIFA, específicamente el artículo 76 del Código Disciplinario, habilita al organismo a sancionar a asociaciones cuyos Estados cometan atentados graves contra sus principios. Bajo ese marco, Estados Unidos podría enfrentar sanciones que incluso pondrían en riesgo la organización del Mundial 2026.
Sin embargo, este escenario parece poco probable. La cercanía entre Gianni Infantino y Donald Trump, sumada a la proximidad del evento, refuerzan la idea de que la FIFA optará por una postura diplomática y evitará sanciones deportivas. Siguiendo una línea histórica, el ente rector del fútbol podría escudarse nuevamente en la separación entre deporte y política.
De esta manera, lo más factible es que la FIFA reciba presiones internacionales, pero termine resolviendo la situación con un simple llamado a la paz. Por ahora, y pese al conflicto iniciado este 3 de enero, la realización del Mundial 2026 no parecería estar en peligro.





