Punta del Agua celebra 106 años de historia con un fin de semana que reunirá tradición, actividades comunitarias y el espíritu de una comunidad que mantiene viva su identidad rural. Pero detrás del festejo aparece una realidad menos visible: la enorme distancia que separa a los pobladores rurales de los centros urbanos y la necesidad de asistencia permanente en el secano.
Así lo explicó en LV18 Roxana «Chana» Romero, supervisora de Arraigo y Secano, quien describió el territorio como una zona donde viven familias dedicadas principalmente a la ganadería.
Un territorio marcado por las distancias
“Tenemos alrededor de trescientos puestos en toda esa zona y parajes”, señaló Chana. Algunos se encuentran a 40 o 50 kilómetros de las villas cabeceras y otros llegan a estar a 80 o 90 kilómetros.
La respuesta municipal, según explicó, incluye recorridas periódicas y asistencia logística.
“Llegamos a los puestos cada un mes, un mes y medio”, contó. También destacó el traslado de productos esenciales como maíz, harina, azúcar y rollos de pasto.
El dato permite dimensionar una problemática que muchas veces queda fuera de la agenda urbana: para quienes viven en el secano, la distancia no es un detalle geográfico, sino una dificultad cotidiana.

Roxana «Chana» Romero, supervisora de Arraigo y Secano, destacó el trabajo de acompañamiento a las familias y puesteros que viven en los parajes rurales.
Tres días para celebrar y mantener viva la identidad
La agenda comienza el viernes con la cabalgata “Uniendo Pueblos”, que partirá desde Las Malvinas y tendrá un encuentro en El Pimiento. El municipio acompañará con iluminación, grupos electrógenos y sonido.
El sábado habrá actividades por el Día del Niño, la Expo Caprina de invierno y una velada de gala. El domingo, desde las 9.30, se realizará la procesión y misa en honor a Santa Rosa de Lima, seguida por el acto protocolar, desfile, entrega de premios y almuerzo comunitario.
Más que una fiesta
El aniversario funciona también como una vidriera para mostrar una comunidad que sostiene sus tradiciones en un territorio difícil.
“En el secano tenés puestos que están a ochenta, noventa kilómetros de la villa cabecera”, resumió Chana.
La celebración, entonces, no es solamente una fecha en el calendario. Es también una oportunidad para mirar hacia esos parajes, donde la comunidad, la producción rural y la identidad local sobreviven a fuerza de organización, solidaridad y kilómetros.





