Las tormentas intensas, las inundaciones repentinas y los desbordes de cauces que se repiten en los últimos veranos en Mendoza ya no pueden entenderse como hechos aislados. Detrás de cada evento hidrometeorológico hay un escenario complejo donde confluyen el cambio climático, la intervención humana sobre el territorio y la falta —o el acierto— en la planificación urbana.
Así lo explicó en los estudios de LV18 Mauricio Iriarte, diplomado en Gestión Integral del Riesgo, quien viene trabajando junto a Defensa Civil del Municipio de San Rafael en el análisis de estas problemáticas.

Mauricio Iriarte, diplomado en Gestión Integral del Riesgo.
Según Iriarte, Mendoza atraviesa desde hace más de 16 años una emergencia hídrica que se naturalizó en la vida cotidiana.
“Abrimos la canilla y hay agua, pero eso no significa que la situación sea normal. La sequía en la cordillera y la alteración de los ecosistemas son parte del mismo proceso que luego genera tormentas más violentas”, explicó.

El especialista remarcó que el riesgo no está dado solo por la intensidad de la lluvia, sino por cómo y dónde vivimos. Barrios construidos en zonas vulnerables, cauces intervenidos, superficies impermeabilizadas y sistemas de drenaje insuficientes convierten una tormenta en un desastre.
“La amenaza es natural, pero el daño es social”, sintetizó.
En este contexto cobra relevancia la Gestión Integral del Riesgo, un enfoque que propone actuar antes, durante y después de las emergencias. Prevención, educación comunitaria, planificación territorial, obras de mitigación y coordinación entre organismos son claves para reducir el impacto. Iriarte destacó que San Rafael se encuentra entre los departamentos que avanzan en este sentido, con planes de ordenamiento territorial, ejercicios de simulación y fortalecimiento de Defensa Civil.

Sin embargo, subrayó que el rol del Estado debe complementarse con la responsabilidad ciudadana.
“La emergencia no espera. Mientras se elaboran planes y normas, cada vecino tiene que saber cómo autoprotegerse y cuidar a quienes lo rodean”, afirmó.
Entre las iniciativas en marcha, Iriarte adelantó programas educativos como “Niños Preparados”, orientado a enseñar autoprotección a chicos y chicas de entre 6 y 12 años mediante juegos y actividades didácticas, con el objetivo de construir una cultura preventiva desde edades tempranas.

Las recientes inundaciones vuelven a poner el foco en una pregunta central: cómo planificamos nuestras ciudades y cómo entendemos el vínculo entre sociedad y naturaleza. La respuesta, coinciden los especialistas, está en anticiparse para que una tormenta no vuelva a transformarse en desastre.





