La Salud Mental en la Policía de Mendoza atraviesa un momento crítico. Un informe oficial reciente encendió las alarmas dentro del Ministerio de Seguridad: en lo que va de 2025 ya se otorgaron 4.094 licencias por problemas psicológicos y al menos 277 efectivos están en tratamiento.
Los datos reflejan una situación compleja. Al 4 de marzo, 196 policías reciben atención psicológica, 64 están bajo tratamiento psiquiátrico y 17 requieren ambos abordajes. A esto se suman 45 agentes con restricciones laborales y 29 en situación de disponibilidad.
Aunque en 2024 se registraron más licencias (4.750), desde el Gobierno aclararon que se trata de trámites administrativos que pueden incluir renovaciones. Sin embargo, el impacto real sobre la fuerza es innegable.
El aumento de casos y una señal de alerta
Uno de los datos más sensibles es el crecimiento de suicidios dentro de la institución. Mientras que en 2024 se registró un solo caso, en 2025 la cifra ya asciende a cinco.
Según fuentes oficiales, ninguno de los efectivos estaba bajo tratamiento al momento de su fallecimiento. Esto expone una de las principales dificultades del problema: muchas situaciones no se detectan a tiempo.
Desde el Ministerio sostienen que la Salud Mental es un fenómeno multicausal, atravesado por factores personales, laborales y sociales.
Estrés extremo y desgaste cotidiano
La experiencia dentro de la fuerza permite entender mejor el trasfondo de estos números. En diálogo radial, la oficial ayudante Alejandra Rey describió el nivel de exigencia al que están sometidos los efectivos.
Con 20 años de servicio, explicó que el trabajo policial implica jornadas de hasta 30 horas consecutivas, guardias de 24 horas más recargos obligatorios y una carga constante de situaciones críticas.
“El policía es siempre el primero en llegar. A un accidente, a un incendio o a una emergencia. No hay pausa”, señaló.
La falta de descanso, la imposibilidad de comer en horarios regulares y la exposición permanente a hechos traumáticos generan un desgaste progresivo. En una misma guardia, un agente puede pasar de una jornada tranquila a intervenir en un accidente fatal.
Falta de contención en Salud Mental
Uno de los puntos más críticos es la ausencia de asistencia posterior a situaciones de alto impacto emocional.
Según Rey, no existe acompañamiento psicológico inmediato ni mecanismos de recuperación tras guardias intensas. Tampoco se otorgan compensaciones horarias ni espacios de contención.
Esta falta de seguimiento, sumada al ritmo de trabajo, profundiza el deterioro de la Salud Mental en la Policía de Mendoza.
Salarios y condiciones laborales
La problemática no se limita al plano emocional. También se vincula con las condiciones económicas.
Rey afirmó que los salarios policiales se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Incluso, señaló que los recientes aumentos no alcanzan para cubrir necesidades básicas.
A esto se suma la falta de equipamiento adecuado, según denuncias internas. Desde móviles con fallas hasta recursos limitados, el contexto de trabajo agrega presión a una tarea ya exigente.
Reclamos silenciosos y presión interna
A diferencia de otros sectores, la policía no cuenta con sindicato. Esto limita los canales de reclamo y genera un clima de tensión interna.
La oficial explicó que muchos efectivos evitan expresar sus condiciones por miedo a sanciones o traslados. Este contexto favorece el silenciamiento de situaciones críticas.
Sin embargo, advirtió que el problema no es exclusivo de Mendoza, sino que se replica en distintas provincias del país.
Un problema que excede a la fuerza
El escenario se inscribe en una crisis más amplia. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires indica que el 65% de la población argentina presenta riesgo de desarrollar trastornos mentales.
Factores como el estrés, la ansiedad, la falta de descanso y el uso intensivo de tecnología también afectan a la sociedad en general, pero en el caso policial se potencian por la naturaleza del trabajo.

La urgencia de una respuesta integral
Los datos oficiales, sumados a los testimonios desde dentro de la fuerza, muestran que la Salud Mental en la Policía de Mendoza requiere una intervención urgente.
El desafío no solo pasa por mejorar los sistemas de control y licencias, sino también por generar políticas de prevención, acompañamiento psicológico real y mejores condiciones laborales.
Mientras tanto, la crisis continúa creciendo, muchas veces lejos de la mirada pública.






