El Súper Niño encendió las alertas en el agro mendocino. Ante la posibilidad de lluvias intensas y tormentas severas, productores y autoridades de Irrigación comenzaron a coordinar medidas para reducir el impacto sobre cultivos, cosechas y caminos rurales.
El riego, bajo una nueva estrategia
Uno de los principales puntos del plan es evitar que los turnos de riego coincidan con las precipitaciones. La superposición podría provocar anegamientos, pudrición de raíces y frutos, además de complicar el ingreso de maquinaria y trabajadores a las fincas.
La coordinación entre Irrigación y las organizaciones de productores busca anticiparse a los eventos meteorológicos y administrar mejor el agua disponible. El objetivo es disminuir los daños en una provincia que, después de varios años de sequía, también necesita recuperar sus reservas hídricas.
El impacto que puede llegar al bolsillo
El exceso de lluvia no solo amenaza la producción. El barro y los temporales pueden retrasar la cosecha y dificultar el traslado de frutas y verduras hacia los mercados. Una menor llegada de mercadería puede reducir la oferta y generar presión sobre los precios.
Otro foco de preocupación son las tormentas de corta duración pero gran intensidad, con riesgo de actividad eléctrica y granizo, especialmente relevante para viñedos y frutales de Mendoza.





