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UPD: entre el rito de cierre y los desafíos del cuidado adolescente

Por LV18 San Rafael

1 de marzo de 2026
El UPD (Último Primer Día) se consolidó como un ritual social entre los adolescentes que inician su último año de secundaria.

En los últimos años, el UPD (Último Primer Día) se consolidó como un ritual social entre los adolescentes que inician su último año de secundaria. Lo que simboliza un cierre de etapa y el pasaje hacia una nueva instancia de la vida adulta, hoy genera también preocupación entre familias y escuelas por el consumo excesivo de alcohol que suele atravesar esta celebración.

El tema fue abordado en el espacio «Voces que sanan» en el estudio de LV18, donde las licenciadas en psicología Marcela Gauvron y Melina Martín analizaron el fenómeno desde una mirada integral, poniendo el foco tanto en el sentido simbólico del ritual como en los riesgos asociados a su forma actual de celebración.

Las profesionales explicaron que el UPD funciona como un rito de despedida: la última vez que se inicia un ciclo lectivo dentro de la escuela secundaria. Como todo ritual, cumple una función social importante, ya que ayuda a cerrar procesos, marcar transiciones y fortalecer el sentido de pertenencia grupal. Sin embargo, señalaron que en los últimos años el festejo dejó de ser íntimo —limitado al curso— para transformarse en eventos masivos, con adolescentes de distintas escuelas y familias que muchas veces no se conocen entre sí.

Este cambio, advirtieron, diluye los cuidados y favorece situaciones de exceso. En muchos casos, jóvenes que no tenían experiencias previas de consumo inauguran el alcohol en el marco del UPD, empujados por la necesidad de pertenecer y no quedar excluidos del grupo. Allí aparece uno de los mayores desafíos para los adultos: acompañar sin prohibir de manera abrupta, pero tampoco habilitar todo.

Desde la psicología, remarcaron que el abordaje no puede reducirse a un solo día. El acompañamiento debe construirse a lo largo de toda la adolescencia, con diálogo, presencia y transmisión de límites claros. “No se trata de ser amigos, sino de ocupar el rol de adultos responsables”, coincidieron, subrayando que el cuidado también implica decir que no, aun cuando resulte incómodo.

Recomendaciones para los padres o adultos tutores

A pocos días del inicio de clases, compartieron además recomendaciones concretas para reducir riesgos: fomentar acuerdos previos, garantizar que ningún adolescente quede solo, evitar que alguien conduzca bajo los efectos del alcohol y asegurar que puedan comunicarse con sus familias en cualquier momento. También destacaron la importancia de que los propios jóvenes conozcan pautas básicas ante una intoxicación alcohólica y la necesidad de llamar de inmediato a los servicios de emergencia.

El UPD, concluyeron, no es en sí mismo negativo. El desafío está en resignificarlo, recuperando su valor simbólico como cierre de una etapa, pero sin poner en riesgo la salud ni la vida. Acompañar, escuchar y cuidar siguen siendo las claves para transitar este ritual de una manera más segura y consciente.