Mientras el maíz gana protagonismo en el mapa productivo del sur mendocino, una amenaza casi imperceptible comienza a ocupar espacio en las conversaciones técnicas y en la agenda del agro. Se trata de la chicharrita del maíz, un pequeño insecto conocido científicamente como Dalbulus maidis, que en otras regiones del país ya provocó fuertes pérdidas de rendimiento. En San Rafael, por ahora, la alarma está contenida, pero el monitoreo es constante.
La voz autorizada que llevó tranquilidad, fue la de Cecilia Picca, ingeniera agrónoma vinculada a la Estación Experimental del INTA Rama Caída, quien dialogó con LV18 para explicar el escenario actual y despejar dudas entre productores y oyentes.
“Estamos con preocupación, pero todavía no ha sido detectada en nuestra zona”, aclaró Picca en el inicio de la entrevista. La frase resume el estado de situación: no hay presencia confirmada de Dalbulus maidis en los cultivos sanrafaelinos, pero sí existen condiciones que justifican una vigilancia activa.
El maíz ha crecido de manera sostenida en la región. Según explicó la especialista, ya se superan las 5.000 hectáreas implantadas, lo que implica una mayor exposición a plagas y enfermedades que antes no eran habituales. “Junto con el crecimiento del cultivo empiezan a aparecer este tipo de problemas”, señaló.
La chicharrita, por sí sola, no genera grandes daños. El verdadero riesgo está en su rol como vector. “Es transmisora de virus y bacterias que causan la enfermedad del achaparramiento del maíz”, explicó Picca. Esta patología provoca que la planta quede de tamaño reducido, tome una coloración rojiza y produzca espigas pequeñas, con muy pocos granos, lo que impacta directamente en el rendimiento final.

La chicharrita del maíz, un pequeño insecto conocido científicamente como Dalbulus maidis, que en otras regiones del país ya provocó fuertes pérdidas de rendimiento. En San Rafael, por ahora, la alarma está contenida, pero el monitoreo es constante.
En la campaña 2023-2024, esta combinación fue devastadora en las principales zonas maiceras del país. “No estaba monitoreada porque no había causado daños importantes antes, pero en esa campaña fue tremenda la disminución de rendimiento”, recordó la ingeniera. Ese antecedente es el que encendió las alarmas a nivel nacional.
La preocupación local surgió, en parte, por una confusión visual. “Hay muchas chicharritas en el cultivo de maíz en nuestra zona, muy parecidas”, explicó Picca. A simple vista, para un productor, todas parecen iguales. Frente a esa inquietud, el INTA local decidió sumarse a una red nacional de monitoreo, con capacitación específica para diferenciar especies y detectar a tiempo la plaga peligrosa.
“Hasta el momento no hemos detectado ninguna Dalbulus maidis”, afirmó con claridad. Sin embargo, el trabajo continúa. El mensaje al productor es doble: tranquilidad, pero también responsabilidad. “Ante cualquier duda o sospecha, estamos a disposición para analizar los insectos y corroborar si es o no esta plaga”, sostuvo.
El panorama no está exento de dificultades. Consultada sobre el financiamiento para este tipo de acciones, Picca fue directa: “Mal. No tenemos fondos específicos”. Desde mediados de 2025, explicó, los recursos para investigación y monitoreo son escasos, lo que obliga al organismo a apoyarse en convenios, servicios a terceros y el respaldo de entidades como Fundación ArgenINTA y la cooperadora local.
Aun así, el compromiso técnico se mantiene. En un contexto de altas temperaturas, expansión del cultivo y antecedentes recientes de crisis productiva en otras regiones, la chicharrita se convirtió en un símbolo de los desafíos actuales del agro: plagas emergentes, necesidad de ciencia aplicada y un Estado técnico que intenta sostener su presencia en el territorio.
Por ahora, en San Rafael, la chicharrita peligrosa no apareció. Pero la advertencia está hecha, y el monitoreo, en marcha.





