En la apertura del 144° período de sesiones ordinarias, el discurso de Milei negó la crisis de salarios, empleo y consumo, defendió la apertura importadora y prometió una nueva arquitectura jurídica para atraer inversiones, en una jornada atravesada por insultos, cruces con la oposición y fuertes cuestionamientos a los datos oficiales.
El discurso de Milei negó la crisis de salarios, empleo y consumo
El discurso de Milei ante la Asamblea Legislativa dejó una definición central: para el Presidente, los problemas que gran parte de la sociedad percibe en salarios, empleo y consumo directamente no existen. En su informe anual sobre el Estado de la Nación, el mandatario evitó reconocer el deterioro del poder adquisitivo y la caída del mercado interno, y en cambio defendió el rumbo económico basado en una mayor apertura importadora y una reducción drástica del rol del Estado.
Según su planteo, la economía debe profundizar la liberalización comercial, eliminar funciones de regulación y dejar atrás lo que llamó “el fetiche industrialista”, es decir, cualquier esquema de protección a la industria nacional.
Apertura importadora y cierre de empresas “ineficientes”
Una de las frases más resonantes del discurso de Milei fue: “¿Acaso les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caro, contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle?”. Con ese argumento defendió la competencia externa y cuestionó a empresarios locales que reclaman protección.
El Presidente sostuvo que cuando una empresa no puede competir y cierra, eso no genera desempleo neto. Su explicación fue que los productos importados más baratos dejan más dinero en manos de los consumidores, que lo destinan a otros bienes y servicios, generando nuevos puestos de trabajo que superan a los que se pierden.
Para el mandatario, el empresario que quiebra por no ser competitivo debe desaparecer, porque protegerlo solo beneficiaría a “un industrial prebendario” y a “un político corrupto”. Sin embargo, en su exposición no hubo referencias concretas a la situación de los trabajadores despedidos ni a la caída del consumo en amplios sectores sociales.
Los números oficiales y la realidad del bolsillo
El jefe de Estado insistió en que su gestión “triplicó los salarios en dólares” y que el empleo creció incluso con mayor oferta laboral. Pero el contraste con la vida cotidiana fue uno de los puntos más señalados por la oposición.
Mientras el Gobierno defiende la recomposición en moneda dura, muchas familias destinan una proporción creciente de sus ingresos al pago de servicios tras la quita de subsidios. El mercado interno, lejos de expandirse, muestra señales de contracción en comparación con años anteriores, lo que reduce el volumen de producción local y el empleo asociado.
En el discurso de Milei no hubo autocrítica ni reconocimiento de estos factores.
Reforma jurídica y minería como motor de crecimiento
El Presidente proyectó una “nueva arquitectura jurídica” centrada en la defensa irrestricta de la propiedad privada, la reforma del Código Aduanero y la eliminación de regulaciones. También anticipó facilidades para la explotación de recursos naturales, sin “prejuicios ambientalistas”, según sus palabras.
En ese marco, elogió el Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones (RIGI) y afirmó que ya se aprobaron proyectos por 25.000 millones de dólares y que otros 45.000 millones están en análisis. Sin embargo, aún no se registran desembolsos efectivos de esos montos y el balance neto de inversión extranjera del último año fue negativo, con más salidas que ingresos de capital.
La minería fue presentada como el sector estrella, con promesas de cientos de miles de empleos a lo largo de la Cordillera. No obstante, no existen antecedentes recientes que respalden cifras de esa magnitud en términos de empleo permanente.
Insultos y cruces en el recinto
La apertura de sesiones estuvo atravesada por un clima de fuerte confrontación. El Presidente dedicó buena parte de su intervención a cuestionar a la oposición, especialmente al peronismo y a la izquierda, con expresiones descalificantes que generaron respuestas desde las bancas.
Hubo cruces con legisladores que interrumpieron el discurso para cuestionar cifras oficiales y denunciar irregularidades. Desde los palcos, militantes oficialistas celebraron cada intervención del mandatario con cánticos y aplausos.
El tono fue señalado por varios dirigentes como más cercano al de un acto partidario que al de una rendición institucional ante el Congreso.

La relación con la Vicepresidenta
También llamó la atención el vínculo tenso entre el Presidente y su vice, visible desde el saludo inicial hasta algunos gestos durante la exposición. En un pasaje, el mandatario deslizó que sectores opositores y “propios” habrían soñado con “abrazar el sillón de Rivadavia”, lo que fue interpretado como una alusión directa a la vicepresidenta.
Durante buena parte del discurso, la vice se mantuvo distante y sin acompañar con aplausos los tramos más encendidos.
Repercusiones: “bochornoso” y “tribunero”
Tras el discurso de Milei, las críticas se multiplicaron desde distintos bloques opositores. Dirigentes peronistas, de izquierda y de otros espacios calificaron la intervención como “bochornosa” y cuestionaron tanto las formas como la falta de anuncios concretos.
Se apuntó a la ausencia de una agenda clara, al uso reiterado de agravios y a datos económicos que, según señalaron, no coinciden con los registros oficiales ni con la experiencia cotidiana de amplios sectores sociales.
Al mismo tiempo, desde el oficialismo celebraron el tono confrontativo y reafirmaron la voluntad de avanzar con nuevas reformas estructurales.
Un cierre sin anuncios de fondo
El discurso de Milei dejó inaugurado el 144° período de sesiones ordinarias con un fuerte contenido ideológico y una marcada apuesta por profundizar el modelo económico actual. Sin embargo, para quienes esperaban definiciones concretas frente a la caída del poder adquisitivo, los despidos y la contracción del mercado interno, la jornada terminó sin respuestas.
El Presidente reafirmó su convicción de que el mercado resolverá las distorsiones y que la apertura traerá más empleo y crecimiento. La discusión sobre si esa promesa se traducirá en mejoras reales para la mayoría de la población quedó, una vez más, abierta.







