Las apuestas online en adolescentes dejaron de ser un fenómeno marginal. El celular, el deporte y las billeteras virtuales construyeron una puerta de entrada cada vez más accesible a un consumo que preocupa a especialistas y familias.
En diálogo con LV18, la psicoanalista Laura Caparra advirtió que el problema no puede reducirse rápidamente a una patología.
“Hay que ver varias aristas”, sostuvo, y puso el foco en el contexto digital y en el papel de los adultos.
Apuestas online en adolescentes: una puerta que se abre cada vez antes
Según los estudios citados por Caparra durante la entrevista, uno de cada cuatro adolescentes habría apostado alguna vez y la puerta de entrada se ubicaría alrededor de los 13 años, especialmente entre varones. El deporte aparece como uno de los principales caminos de acceso.
La especialista cuestionó también la facilidad con la que los jóvenes pueden llegar a las plataformas. Bonos de bienvenida y promociones pueden presentar la apuesta como una oportunidad, cuando detrás existe un modelo de consumo.

Laura Caparra analizó en LV18 el impacto de las apuestas online y los nuevos hábitos digitales.
¿Juego o adicción? La línea que preocupa
“Se puede hablar de una adicción. ¿Qué es lo que se busca? En principio quizás se busca un placer”, explicó Caparra.
El problema aparece cuando ese placer se transforma en pérdida de control y comienzan las consecuencias: deudas, conflictos familiares o una dependencia creciente de las plataformas.
El desafío para padres y adultos
Para Caparra, el control parental por sí solo no alcanza. También es necesario comprender el mundo digital en el que crecen los adolescentes y revisar qué lugar ocupan las apuestas dentro de la propia sociedad.
“Hay un distanciamiento” respecto de la realidad, señaló al analizar la relación con las nuevas tecnologías. La misma mirada aplicó a fenómenos como los therians y el “farmear aura”: tendencias nacidas en redes sociales que, antes de ser juzgadas, requieren preguntas. “¿Por qué esa persona buscó esa identificación?”, planteó.
La advertencia, entonces, no es solamente sobre cuánto apuesta un adolescente. Es sobre cuánto sabemos los adultos del mundo digital en el que está creciendo.





