El El Niño extremo vuelve a poner a América Latina frente a una amenaza que no se limita al clima. Las proyecciones para 2026-2027 anticipan lluvias intensas, inundaciones, sequías y calor extremo, con consecuencias que pueden trasladarse rápidamente al agua, la salud y los servicios esenciales.
El Niño extremo y el riesgo de inundaciones
La OPS y la OMM advierten que el fenómeno podría alcanzar una intensidad fuerte a muy fuerte y llegar a su máxima intensidad entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Algunas zonas del Cono Sur, entre ellas Uruguay, Paraguay, sur de Brasil y norte argentino, podrían recibir precipitaciones superiores a lo normal.
Pero el problema no termina cuando baja el agua. Las inundaciones pueden contaminar pozos y redes de abastecimiento, mientras que las sequías pueden reducir la disponibilidad de agua segura y favorecer su almacenamiento doméstico. El resultado es una combinación que exige prevención, no improvisación.

Dengue, contaminación y una alerta sanitaria
El dengue aparece entre los riesgos que más atención generan. El calor y las alteraciones en las lluvias pueden favorecer al mosquito, mientras que la acumulación de agua por cortes de suministro puede crear nuevos criaderos. La OPS, sin embargo, advierte que el vínculo no es automático: el impacto depende también de factores locales y de la preparación sanitaria.
La advertencia más crítica es otra: esperar a que llegue el pico para actuar puede ser demasiado tarde. Vigilancia epidemiológica, control de criaderos, agua segura, gestión de residuos y sistemas de alerta deberían reforzarse antes de que los eventos extremos golpeen.





