Las inundaciones en Nepal ya dejaron al menos 788 muertos, mientras los equipos de rescate continúan buscando víctimas y sobrevivientes entre el barro, las rocas y los restos de viviendas e infraestructura. Las lluvias, los corrimientos de tierra y el riesgo de nuevas crecidas complican una operación que avanza bajo condiciones extremas.
Inundaciones en Nepal: una devastación que no da tregua
El desastre dejó cientos de familias sin vivienda y provocó graves daños en rutas, puentes y centrales hidroeléctricas. Helicópteros militares y miles de efectivos participan de los operativos, aunque el terreno y las nuevas lluvias dificultan el acceso a las zonas más afectadas.
El origen también obliga a mirar más allá de una simple inundación. El USGS determinó que la señal registrada en la frontera con China no correspondió a un terremoto convencional, sino al impacto de un enorme deslizamiento de hielo y rocas sobre el río Lhende Khola. La violencia del derrumbe generó una vibración equivalente a un sismo de magnitud 5,2.

El Himalaya, entre el desastre y una amenaza creciente
El alud golpeó una región donde se concentran más de 63.000 glaciares y que abastece a diez grandes sistemas fluviales. El calentamiento global y la inestabilidad de las laderas suman un factor de riesgo que vuelve cada vez más preocupantes estos episodios en una zona vital para millones de personas.
En medio de la tragedia apareció una noticia esperanzadora: una niña de seis años fue rescatada con vida después de permanecer casi 60 horas atrapada bajo los escombros en Timure. El caso muestra la dimensión del desastre, pero también la magnitud del esfuerzo de los rescatistas que todavía trabajan contrarreloj.





