Las declaraciones de la vicegobernadora Hebe Casado sobre La Tombina generaron una fuerte respuesta de especialistas y autoridades municipales, quienes aseguraron que sus afirmaciones evidencian un desconocimiento sobre el funcionamiento del sistema de disposición final de residuos de San Rafael. Durante una entrevista en LV18, el ingeniero civil, Hugo Reviglio y la secretaria de Obras Públicas, Andrea Fichetti, explicaron que el predio opera bajo estándares de ingeniería ambiental y es auditado periódicamente.
«No es un basural, es un vertedero controlado»
Andrea Fichetti fue contundente al diferenciar ambos conceptos.
«No es un basural, y hay una diferencia enorme entre ambos conceptos. El vertedero controlado es un espacio planificado, donde existe control ambiental de la deposición de residuos», afirmó.
Además, explicó que diariamente los residuos son compactados y cubiertos con tierra, mientras que el predio posee una geomembrana que impide la filtración de lixiviados hacia las napas subterráneas.
«Tenemos un control mensual de la Universidad Tecnológica Nacional, que nos audita y nos indica si hay algo que corregir», agregó.
Auditorías permanentes y planificación ambiental
Reviglio recordó que La Tombina comenzó a funcionar en 2008 y que fue seleccionada entre cinco alternativas posibles luego de estudios geológicos.
«Se dispone el residuo sobre una membrana impermeable y además el terreno cuenta con dos capas naturales de arcilla antes de llegar a la napa freática. Aun ante una eventual fuga, no alcanzaría el agua subterránea», explicó el ingeniero.
Actualmente el predio ocupa unas 250 hectáreas, transita su sexta celda de disposición y posee una proyección de funcionamiento superior a los 50 años.

Buscan llevar tranquilidad frente a la desinformación
Desde el municipio remarcaron que el sistema recibe unas 2.600 toneladas mensuales de residuos, con recorridos de recolección que superan los 62.000 kilómetros por mes, además de controles de la Secretaría de Ambiente de Mendoza y auditorías externas.
Los especialistas coincidieron en que la principal problemática ambiental no está dentro del vertedero, sino en los microbasurales clandestinos generados por vecinos que arrojan residuos en espacios públicos.
«Es una cuestión de conciencia ciudadana», sostuvo Fichetti.
De esta manera, las explicaciones técnicas buscaron transmitir tranquilidad a la comunidad y dejar en claro que La Tombina funciona como un vertedero controlado, bajo monitoreo permanente y conforme a las normas ambientales vigentes.





