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Morosidad récord en Argentina: la deuda de los hogares se quintuplicó en 18 meses y crece la alarma financiera

Por Verónica Iglesias

21 de julio de 2026
Las tarjetas de crédito son uno de los segmentos donde más creció la mora.
Las tarjetas de crédito son uno de los segmentos donde más creció la mora.

La economía argentina enfrenta una nueva señal de tensión: la morosidad récord en Argentina revela que cada vez más familias tienen dificultades para cumplir con sus compromisos financieros. La deuda del sector privado registró un fuerte deterioro en los últimos meses y encendió alertas sobre la capacidad de pago de millones de personas.

 

La deuda privada creció y expuso la fragilidad de los hogares

Los datos muestran que la mora del crédito al sector privado se multiplicó en un período de apenas 18 meses, pasando de niveles cercanos al 2% a valores que reflejan un escenario mucho más complejo. El fenómeno afecta principalmente a las personas, donde el atraso en los pagos supera ampliamente al registrado entre empresas.

 

Tarjetas y préstamos personales, los sectores más golpeados

El aumento de la deuda aparece con fuerza en los créditos destinados al consumo. Préstamos personales y tarjetas de crédito concentran buena parte del problema, en un contexto donde muchas familias recurrieron al financiamiento para sostener gastos cotidianos.

 

Una señal de alerta para el futuro del crédito argentino

La morosidad récord en Argentina no solo representa un problema individual para quienes no pueden pagar sus cuotas. También puede limitar el acceso futuro al crédito y afectar la recuperación del consumo, uno de los motores centrales de la economía.

 

El desafío detrás de las cifras: ingresos, deuda y capacidad de pago

Especialistas advierten que el aumento de los incumplimientos no puede analizarse de manera aislada. La evolución de los ingresos, el costo financiero y el crecimiento del endeudamiento forman parte de un escenario donde muchas familias quedaron con menos margen para afrontar sus obligaciones.

La pregunta que queda abierta es si el sistema financiero podrá absorber esta presión sin que el deterioro de la deuda se transforme en un obstáculo mayor para la economía argentina.