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Quién era Pablo Rivero Ríos, el alcaide sanrafaelino que murió en servicio tras la fuga de dos presos

Por Verónica Iglesias

20 de febrero de 2026
Pablo Rivero Ríos tenía 43 años y llevaba 21 en el Servicio Penitenciario provincial.
Pablo Rivero Ríos tenía 43 años y llevaba 21 en el Servicio Penitenciario provincial.

La muerte de Pablo Rivero Ríos volvió a poner en primer plano una realidad que se repite desde hace años en Mendoza: efectivos del sur provincial que deben trasladarse a prestar servicio en el norte, lejos de sus familias. Esta vez, la tragedia ocurrió en Tunuyán y dejó al descubierto no solo una fuga que aún genera preocupación, sino también la historia de un hombre que dedicó más de dos décadas a la institución penitenciaria.

Una vida dedicada al Servicio Penitenciario

Pablo Antonio Rivero Ríos tenía 43 años. Era oriundo de San Rafael y llevaba 21 años dentro del sistema penitenciario provincial. Había ingresado en 2004 y, desde entonces, su carrera se desarrolló principalmente en el sur mendocino.

A lo largo de su trayectoria pasó por Seguridad Externa, Seguridad Interna, la Unidad de Seguridad y Traslado y también por Conserjería. Prestó servicio en los complejos penitenciarios de Boulogne Sur Mer y San Felipe. En 2024 alcanzó la jerarquía de alcaide, un reconocimiento a años de trabajo sostenido.

En noviembre de 2025 asumió como jefe de la Alcaidía de Alojamiento Transitorio de Tunuyán. Hacía apenas dos meses que estaba al frente del establecimiento cuando ocurrió la fuga que terminaría con su vida.

La fuga que terminó en tragedia

El hecho se produjo alrededor de las 11.15 del jueves, cuando dos internos lograron escapar de la Alcaidía de Tunuyán. Rivero encabezó, junto a otros efectivos, el operativo de persecución. En medio del despliegue sufrió una descompensación.

Fue trasladado de urgencia al Hospital Scaravelli, donde le practicaron maniobras de reanimación cardiopulmonar. No pudieron salvarlo.

La noticia se conoció mientras el operativo seguía en marcha. Sus compañeros continuaron con los rastrillajes en un clima de tensión y consternación en todo el Valle de Uco.

Los prófugos

Los evadidos fueron identificados como Enrique Antonio Acosta Vega, de 33 años, y Víctor Adrián Bravo Morón, de 40. Ambos estaban imputados por delitos graves y permanecían alojados en Tunuyán a la espera de nuevos traslados.

Acosta Vega estaba acusado de homicidio simple en grado de tentativa, además de registrar antecedentes por homicidio, lesiones en riña, amenazas, daños, hechos de violencia de género y robo simple.

Bravo Morón enfrentaba cargos por robo agravado por el uso de arma de fuego y había sido investigado por homicidio y episodios vinculados a violencia de género.

Tras la fuga, se montó un amplio operativo con patrullas, drones y un helicóptero para intentar dar con su paradero. Fueron vistos por última vez en inmediaciones de calles 25 de Noviembre y Melchor Villanueva.

Los prófugos: Enrique Antonio Acosta Vega, de 33 años, y Víctor Adrián Bravo Morón

 

Padre de cuatro hijos y parte de una familia de uniformes

Pablo Rivero Ríos era padre de cuatro hijos y estaba casado con una efectiva que se desempeña en la Farmacia Central, Sección Depósitos Sanitarios del Complejo de Alojamiento de la Zona Sur.

La vocación por el servicio público formaba parte de su historia familiar. Era hijo del reconocido comisario Juan Antonio Rivero, quien trabaja en la sede del Instituto de Seguridad Pública de San Rafael.

En su entorno lo describen como un hombre reservado, comprometido con su tarea y profundamente dedicado a su familia. La noticia de su muerte sacudió no solo al Servicio Penitenciario, sino también a la comunidad sanrafaelina.

Una realidad que se repite

La muerte de Pablo Rivero Ríos expone una situación que muchos efectivos del sur conocen bien. Con frecuencia deben trasladarse a cumplir funciones en el norte provincial, lo que implica viajes constantes o residencias temporales lejos de sus hogares.

En su caso, el traslado a Tunuyán significaba asumir una nueva responsabilidad, pero también reorganizar la vida familiar. Hacía apenas semanas que estaba al frente de la Alcaidía.

Su fallecimiento no solo deja un vacío institucional. Deja cuatro hijos sin padre, una esposa que también viste uniforme y una familia marcada por décadas de servicio a la seguridad pública.

El complejo penitenciario de San Felipe, donde Rivero prestó servicio.

Recapturaron a uno de los prófugos

Minutos después de difundirse la noticia y mientras continuaba el operativo cerrojo en Tunuyán, la ministra de Seguridad de Mendoza, Mercedes Rus, informó a través de su cuenta oficial en X que uno de los internos fue recapturado.

“En el marco del operativo cerrojo dispuesto con helicóptero, drones y apoyo de distintas unidades, la Policía de Mendoza, a través de la UEP Tunuyán, recapturó a Víctor Bravo Morón, uno de los internos que se había fugado de la Alcaidía”, publicó.

Según detalló, el procedimiento se concretó en inmediaciones de la Rotonda del Gaucho. En la zona continúan desplegados todos los recursos: aeronaves, sistemas de vigilancia aérea, cuerpos especiales y efectivos de distintas dependencias policiales.

De esta manera, uno de los dos evadidos volvió a quedar bajo custodia. La búsqueda de Enrique Antonio Acosta Vega sigue en curso.

Mientras tanto, el nombre de Pablo Rivero Ríos queda ligado a una jornada que comenzó como un operativo más y terminó en tragedia. Su historia, marcada por 21 años de servicio, hoy conmueve a toda Mendoza.

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