A 16 años de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario, Argentina vuelve a ubicarse como el país de América Latina con mayor respaldo social al matrimonio igualitario. El informe Pride Arg 2026, elaborado por Ipsos, revela que el 65% de la población apoya este derecho, doce puntos por encima del promedio de los 26 países analizados, además de registrar un amplio rechazo a la discriminación contra la comunidad LGBTIQ+.
El respaldo social supera el promedio internacional
El estudio también indica que el 74% de los argentinos considera que las personas LGBTIQ+ deben estar protegidas por ley frente a la discriminación en el empleo, la vivienda y el acceso a bienes y servicios.
Los resultados cobraron especial relevancia luego de que surgieran interpretaciones que hablaban de un supuesto cansancio social respecto de la agenda de diversidad. Sin embargo, el investigador del CONICET Hugo Rabbia sostuvo que «el apoyo es mayoritario y además está por encima del promedio de los países relevados. Eso no quiere decir que los derechos tengan que medirse por encuestas, porque los derechos no se plebiscitan».

El debate de 2010 cambió la percepción de la sociedad
Para Rabbia, la aprobación de la ley produjo «un efecto de socialización» que transformó la forma en que la sociedad argentina comprende la diversidad sexual. Recordó que antes de la sanción el respaldo rondaba el 51%, mientras que hoy el matrimonio igualitario «es una cuestión que en muchos países se da por casi naturalizada. Han quedado lejos esas movilizaciones sociales y debates legislativos».
Persisten desafíos pese a los avances
El informe también muestra que el 58% apoya que las personas LGBTIQ+ hablen abiertamente sobre su orientación sexual o identidad de género y que el 52% respalda la incorporación de una opción distinta de hombre o mujer en documentos oficiales.
No obstante, Rabbia advirtió que «las generaciones más jóvenes la tienen un poquito más fácil que las de más edad, aunque eso no quiere decir que las violencias, discriminaciones o exclusiones hayan desaparecido». Además, llamó a interpretar estos estudios con cautela: «Difícilmente uno pueda hablar de ‘consensos’ sociales a partir de esos datos; solo puede identificar tendencias».





