La avalancha en Nepal que golpeó la frontera con China dejó una escena de destrucción y una cifra de víctimas que crece con el avance de las tareas de rescate. Al menos 55 personas murieron y más de 400 permanecen desaparecidas tras una riada que arrasó viviendas, caminos e infraestructura en la zona fronteriza con el Tíbet.
Un desastre que convirtió un río en una trampa mortal
El fenómeno se produjo después de un deslizamiento de hielo y rocas que habría bloqueado un curso de agua y desencadenado una inundación repentina. Las autoridades también investigan el posible vínculo con un sismo de magnitud 4,4 registrado en la región, aunque la secuencia exacta de los hechos todavía está bajo análisis.
La corriente arrastró casas, carreteras y obras de infraestructura. Entre los desaparecidos hay cientos de turistas extranjeros, mientras los equipos de emergencia enfrentan condiciones complejas para localizar sobrevivientes.
Nepal vuelve a quedar expuesto ante el riesgo climático
La tragedia también pone bajo la lupa la vulnerabilidad de las comunidades del Himalaya frente a inundaciones repentinas, deslizamientos y fenómenos vinculados al retroceso de los glaciares. La región ya había sufrido episodios similares recientemente, lo que vuelve a plantear interrogantes sobre los sistemas de alerta y prevención.
Mientras continúa la búsqueda, el número definitivo de víctimas sigue siendo incierto. Esa incertidumbre, sumada a la magnitud de los daños, convierte a esta emergencia en una de las tragedias más graves registradas en la zona durante los últimos años.





